La Edad de Oro (Clásicos)

La Edad de Oro . James Baldwin

La edad de oro

James Baldwin

Zeus y su Poderosa Gente no siempre habían habitado entre las nubes en la cumbre de la montaña. En tiempos muy lejanos, una familia maravillosa llamada los Titanes vivió allí y gobernó sobre todo el mundo. Eran doce: seis hermanos y seis hermanas, y decían que su padre era el Cielo y su madre la Tierra. Tenían la forma y el aspecto de hombres y mujeres, pero eran mucho más grandes y con creces más hermosos.

El nombre del más joven de estos Titanes era Cronos; y sin embargo era tan, pero tan viejo, que los hombres a menudo lo llamaban el Padre Tiempo. Era el rey de los Titanes y, por lo tanto, también el rey de toda la tierra.

Los hombres nunca fueron tan felices como durante el reinado de Cronos. Aquella fue la verdadera Edad de Oro. La primavera duraba todo el año. Los bosques y prados siempre estaban llenos de flores, y el canto de las aves se escuchaba todos los días a todas horas. Era verano y otoño al mismo tiempo. Manzanas, higos y naranjas siempre colgaban maduros de los árboles; y había uvas moradas en las vides, así como melones y bayas de todo tipo, que la gente solo tenía que cortar y comer.

Por supuesto, nadie tenía que realizar ningún tipo de trabajo en aquella época feliz. No existían la enfermedad, la pena ni la vejez. Los hombres y las mujeres vivían durante cientos y cientos de años y nunca les salían canas, arrugas ni quedaban tullidos, sino que siempre se conservaban apuestos y jóvenes. No tenían necesidad de casas, pues no había días fríos ni tormentas ni nada que les causara temor.

Nadie era pobre, porque todos poseían las mismas cosas preciosas: la luz del sol, el aire puro, el agua saludable de los manantiales, la hierba por alfombra, el cielo azul por techo, las frutas y las flores de los bosques y prados. Así, por descontado, nadie era más rico que otro, y no había dinero, ni cerrojos ni candados; porque todos eran amigos de todos, y ningún hombre deseaba tener más de lo que poseían sus vecinos.

Cuando estas personas felices habían vivido lo suficiente, se quedaban dormidas y sus cuerpos no se veían más. Se alejaban flotando por el aire, sobre las montañas y a través del mar, hacia una tierra florida en el lejano oeste. Y algunos hombres dicen que, aún hasta el día de hoy, vagan dichosos de aquí para allá por la tierra, haciendo sonreír a los bebés en sus cunas, aliviando las cargas de los enfermos y fatigados por el trabajo, y bendiciendo a la humanidad en todas partes.

¡Qué lástima que esta Edad de Oro haya llegado a su fin! Pero fueron Zeus y sus hermanos quienes trajeron tan triste cambio.

Cuesta creerlo, pero dicen los hombres que Zeus era hijo del viejo rey Titán, Cronos, y que apenas tenía un año de edad cuando comenzó a tramar cómo hacerle la guerra a su padre. Tan pronto como creció, persuadió a sus hermanos, Poseidón y Hades, y a sus hermanas, Hera, Deméter y Hestia, para que se le unieran; y juraron que expulsarían a los Titanes de la tierra.

Siguió entonces una larga y terrible guerra. Pero Zeus contó con poderosos aliados. Un grupo de monstruos de un solo ojo, llamados Cíclopes, se mantenía ocupado todo el tiempo forjando rayos en el fuego de montañas ardientes. Otros tres monstruos, cada uno con cien manos, fueron convocados para arrojar rocas y árboles contra la fortaleza de los Titanes; y el propio Zeus lanzó sus afilados dardos de relámpagos tan densos y veloces que los bosques se incendiaron y el agua de los ríos hirvió con el calor.

Por supuesto, el buen y tranquilo viejo Cronos y sus hermanos y hermanas no pudieron resistir para siempre contra semejantes enemigos. Al cabo de diez años tuvieron que rendirse y pedir la paz. Fueron atados con cadenas de la roca más dura y arrojados a una prisión en el Mundo Inferior; y los Cíclopes y los monstruos de cien manos fueron enviados allí como sus carceleros para custodiarlos por siempre.

Entonces los hombres comenzaron a sentirse insatisfechos con su suerte. Algunos querían ser ricos y poseer todas las cosas buenas del mundo. Algunos querían ser reyes y gobernar sobre los demás. Algunos que eran fuertes querían convertir en esclavos a los débiles. Algunos derribaron los árboles frutales de los bosques para evitar que otros comieran de su fruto. Algunos, por pura diversión, cazaron a los tímidos animales que siempre habían sido sus amigos. Algunos incluso mataron a estas pobres criaturas y comieron su carne como alimento.

Al final, en lugar de que todos fueran amigos de todos, todos se convirtieron en enemigos de todos.

Así, en todo el mundo, en lugar de paz, hubo guerra; en lugar de abundancia, hubo hambruna; en lugar de inocencia, hubo crimen; y en lugar de felicidad, hubo miseria.

Y esa fue la forma en que Zeus se hizo tan poderoso; y esa fue la forma en que la Edad de Oro llegó a su fin.

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