Thor

Thor en el país Utghardaloki

Utghardaloki era el rey de los gigantes. Thor una vez se encaminó hacia allá en compañía del astuto Loki. Durante toda la jornada recorrieron un largo camino, pero al llegar la noche tuvieron ganas de descansar y de comer. Entonces pidieron hospitalidad en casa de un labrador. Éste les respondió que no tenía nada que ofrecerles de comida, pero que podían pasar la noche a cubierto. Los dioses aceptaron, y Thor, para cenar, mató y asó a sus dos chivos. Después llamó al labrador y a sus hijos, Thialfi y Roskwa, y les dijo:

— Grande es nuestro apetito y también el vuestro. La roja carne de mis chivos chivos la he puesto a asar. Sabroso olor desprende y el jugo chorrea de los trozos. Os he llamado para que participéis del festín. Mas sólo os exijo que no os comáis hueso alguno de los animales, sino que cuando hayamos devorado la carne, los coloquéis encima de la piel de los chivos.

Aceptaron el labrador y sus hijos la condición impuesta por el dios y se dispusieron a comer. Thialfi era el que demostró más apetito y habiendo consumido su parte, confió a su hermano:

— Tierno chivo es éste que hemos comido. Siento tentación de partir un hueso y sorber el suave y sabroso tuétano.

Su hermano le contestó:

— No hagas eso. Nuestro huésped ha impuesto la condición de que no habríamos de comer de los huesos, sino solamente de la carne de los cabritos.

Pero Thialfi no pudo resistir el deseo y partió el hueso de una pata y sorbió el tuétano, diciendo:

— No ha de ser notada la falta de un huesecillo; suave y agradable estaba la medula del mismo.

A la mañana siguiente, Thor, delante de las pieles, encima de las cuales estaban extendidos los huesos, cogió su martillo y, pronunciando pa-Jabras de encantamiento, conjuró a los chivos para que recobrasen la vida. En el acto los huesos se juntaron, la piel se curvó y se puso tersa y los chivos se levantaron. Uno saltó ágilmente, pero el otro estaba cojo, pues le faltaba el hueso cuya medula había devorado Thialfi.

Thor exclamó, ciego de furia:

— ¡Habéis faltado a lo que os exigí, y habéis dejado cojo a mi chivol Esto lo habréis de pagar con la vida. ¡Ah malditos!

Y empuñando su terrible martillo, se dirigió contra el labrador, a quien quería matar. Pero Thialfi se interpuso y declaró:

— La falta es mía y ha sido causada por mi gula. No sospechaba yo que pudiera ocurrir esto; si no, me hubiese contenido. Te suplicamos perdón.

Entonces Thor se dejó ablandar y dijo:

— Pues habéis de seguirme en mi viaje.

Y se llevó a Thialfi y Roskwa. Pero éste no continuó, y la saga no habla más de él.

Siguieron el camino Thor, Loki y Thialfi, en dirección al país de los gigantes. Por la noche entraron en una casa que encontraron en el camino, para descansar.

A medianoche, la tierra empezó a temblar y se oyó un terrible estruendo. Salió Thor con su martillo y se encontró tendido a un hombre que roncaba con estrépito, y que después de ser despertado, dijo que se llamaba Skrymir —el fanfarrón— , y se ofreció a Thor y a sus compañeros como acompañante.

Se pusieron en camino, y Skrymir llevaba en un gran saco provisiones para todos. Por la noche se echaron a dormir al pie de un roble. Skrymir se durmió al instante. Thor y sus compañeros sintieron deseos de comer, pero como las provisiones estaban en el saco de Skrymir, quisieron desatar éste, mas no pudieron conseguirlo. Entonces Thor cayó en la cuenta de que Skrymir era un gigante, y le golpeó tres veces en la cabeza con su martillo. Skrymir, al despertar, se mostró como si nada hubiera sucedido. La primera vez dijo que debió caerle en la cabeza alguna hoja del roble; la segunda, que habría sido una bellota, y la tercera, la pluma de algún pájaro.

Por la mañana continuaron su camino hacia él Utghard. Skrymir indicó el camino a Thor y les puso en guardia con respecto al señor de la ciudad y sus acompañantes. Pronto llegaron a la ciudad. Allí estaba sentado en su trono Utghardaloki. Éste recibió a los Ases con ironía despectiva y les preguntó qué sabían hacer. Loki contestó:

— Yo tengo más apetito que nadie.

Entonces Logi, uno de los hombres de Utghardaloki apostó con Loki a comer. Trajeron una fuente enorme de carne, y Loki devoró todo lo que le pusieron. Pero Logi devoró la carne y también los huesos, con lo cual el As resultó vencido.

Entonces le tocó el turno a Thialfi. Éste afirmó:

— No hay nadie que pueda competir conmigo en agilidad de piernas.

Utghardaloki mandó llamar a Hugi —pensamiento—, que dijo que él era mejor corredor que Thialfi.

Empezó la carrera. Los contendientes dieron tres veces la vuelta al recorrido, pero las tres veces Hugi llegó antes que Thialfi.

Le tocó el turno al mismo Thor. Éste dijo que desafiaba a beber a cualquiera. Entonces Utghardaloki mandó traer lo que se llamaba el «cuerno de castigo». Tres veces bebió Thor, pero el contenido bajó muy poco; después tuvo que demostrar sus fuerzas levantando una gata gris que estaba sentada en el suelo, pero sólo consiguió que el felino alzase una pata. Por último, tuvo que luchar con Elli —«alter», la edad—, la vieja nodriza de Utghardaloki, mas fue vencido y tuvo que doblar la rodilla.

Los Ases, después de ser vencidos en todas estas pruebas, pasaron la noche en Utghard. Por la mañana se pusieron en camino para volver a su patria. Utghardaloki los acompañó. Thor se mostraba sumamente triste por haber sido derrotado en todas las pruebas, pero Utghardaloki, sonriendo, le animó:

— No estés triste, Thor, ya que todas las pruebas fueron engaño.

Y reveló la verdad. Skrymir, el gigante, era el mismo Utghardaloki, y los martillazos recibidos no dieron en su cabeza, sino encima de grandes montañas. Y le enseñó las hondonadas producidas por los martillazos. Loki, en su apuesta, había luchado con el fuego que lo devora todo sin dejar rastro y Thialfi, con el mismo pensamiento de Utghardaloki, veloz como mortal alguno. Por último, el cuerno donde había bebido Thor tenía la punta en el mar y la marea indicaba lo mucho que había bebido. La gata que había tenido que levantar era la serpiente Middgard, y la vieja con quien había tenido que luchar era la edad, a quien nadie puede vencer.

Thor entonces gritó:

— ¡Me has engañado, Utghardaloki, pero ahora verás!

Y empuñando el martillo, se lanzó contra el gigante. Pero éste desapareció, y con él el Utghard, y Thor se encontró con sus compañeros en medio del campo.

Fuente: Antología de leyendas de la literatura universal de V. García de Diego.

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