Los Tuatha de Danann

Los Tuatha de Danann

Según la mitología celta existían dos principios que se dis­putaban el mundo. El primero y más antiguo de esos dos principios es negativo representado por la muerte, la noche, la igno­rancia, el mal y los fomoireos. El segundo nacido del primero, es todo lo positivo, el día, la vida, la ciencia y el bien. Los Tuatha de Danann constituían la expresión del segundo de estos principios, ya que de ellos emanaba, por ejemplo, la ciencia de los druidas.

A partir del siglo XI se creó en Irlanda una corriente que intentaba explicar la genealogía de su tierra a través de las tradiciones bíblicas; así, todos los pueblos que po­blaron Irlanda, tanto míticos como históricos, descendían de un tronco común, que a través de Jafet se remonta has­ta Adán. Uno de los ancestros de los Tuatha de Danann fue Nemed, uno de cuyos hijos, Iarbonel, disfrutó del don de la profecía y escapó a la matanza de la torre de Conann.

Iarbonel abandonó Irlanda y buscó refugio en las zo­nas septentrionales del mundo, allí aprendió encanta­mientos, adelantarse al porvenir y las bases del druismo. Entre sus descendientes se encontrarían los Tuatha de Danann que terminarían por regresar a su patria, Irlanda.

La tradición pagana más antigua creía que el origen de los Tuatha de Danann estaba en los cielos, ya que eran dioses que llegaron a Eire para luchar contra los Fir Bolg, los Fir Domnann y los Galioin, con los fomoireos, a quienes ven­cieron convirtiéndose en los únicos señores de Irlanda.

Sin embargo los Tuatha de Danann fueron a su vez derrotados por los Milé, la moderna raza irlandesa que después de atacarlos y de vencerlos tomaron posesión del país. Los Tuatha de Danann vencidos se refugiaron en los Sid o palacios subterráneos que Dagdé descubrió para ellos en las profundidades de las montañas.

En ocasiones recorrían sus antiguos dominios, siempre bajo la protección de algún hechizo que los hacía invisibles para los huma­nos, aunque en ocasiones usaban con ellos su poder prestándoles al­gún servicio.

Siempre aparecían representados con pájaros de hermoso y colo­rido plumaje, pájaros que estaban unidos por una cadena de plata en parejas indisolubles.


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