Historia de guerra entre los borucas y los extranjeros

Historia de la guerra entre los borucas y los extranjeros

Esto se dice porque así fue lo que sucedió a nuestros mayores con los extranjeros.

Cuando los extranjeros llegaron adonde nuestros mayores, el lugar en que éstos vivían era la misma quebrada que está en medio de nuestro pueblo.

El lugar en que vivían nuestros mayores en sus palenques, se llamaba entonces Llano de Espavel.

Allá estaba la vivienda de los paganos de Boruca.

Ellos sabían que allí estaría también la vivienda de los borucas cuando todos ellos tuvieran nombre.

Ellos sabían que los extranjeros llegarían algún día; eran buenos adivinos.

Aquéllos ya no viven, porque cuando los extranjeros estaban acercándose se pusieron a preparar sus flechas y sus arcos; hicieron también un hueco muy grande para enterrarse vivos con todos sus tesoros.

Entonces ellos tenían muchos: cuchillos y hachas de piedra, flechas de toda clase y mucho oro, tanto labrado como en trozos.

Así eran ellos; sin embargo, vivían desnudos.

Solo se ponían taparrabos que se colgaban de la cintura con fajas hechas por ellos mismos.

Cuando los borucas supieron por medio de los suquias que los extranjeros ya se acercaban, entonces se pusieron a detenerlos con sus arcos y sus flechas pues ya estaban llegando.

Los borucas habían escogido el lugar donde acecharían a los extranjeros: se fueron a esconder a Barranco.

Dicen que esa fila de Barranco tiene un protector. Este se llama Cájc Chiv y es semejante a Cuasrán.

Allá estaban ellos y los extranjeros ya se acercaban también.

Pronto los borucas y los extranjeros empezaron a combatir.

Entre tanto, otros, que estaban desocupados, corrieron adonde los extranjeros habían dejado las mulas con sus provisiones.

Así los borucas cogieron cuarenta mulas y las fueron a esconder en las profundidades de la casa de aquel mismo Cájc Chiv.

Así lo habían previsto.

Posteriormente las personas se han acostumbrado a oír gritar las mulas allá durante la noche.

Los térrabas también lo saben, pero no quieren hablar de ello.

De este modo los extranjeros empezaron su marcha hacia Boruca.

Cuando llegaron a la Fila del Zonchiche, los borucas se encontraban enfurecidos dentro del bosque del Llano del Espavel, donde hoy están sus viviendas.

Los extranjearos permanecieron en la Fila del Zonchiche.

Ellos no denominaron aquel lugar Fila del Zonchiche, sino Alto del Palomar, y este nombre se consesrvó en su idioma.

Los borucas, para que los extranjeros se asustaran, rugían como chanchos de monte, como tigres, con mucha fuerza.

Por ello los extranjeros no querían bajar tras los borucas, que los esperaban desnudos y enfurecidos y les tiraban flechas envenenadas.

Los extranjeros, no obstante, fueron acercándose. Entonces los jefes de los borucas ordenaron a los suyos huir con sus tesoros.

Los borucas tenían un objeto, a manera de comal, hecho de oro y muy grande. Esto querían ellos para cuando estuvieran combatiendo. Entonces los borucas mostraban aquel objeto a los extranjeros para que quedaran enceguecidos por el reflejo de la luz del sol y no pudieran ver bien. Entre tanto ellos les tomaban ventaja en la lucha.

Pero pasaron los días y, como no lograban vencer a sus enemigos, se retiraron entonces a El Maíz. Allá muchos se enterraron junto con su oro.

Luego salieron de nuevo a combatir. El Alto de Pedregal, caminó de Currés, correspondió a los extranjeros como posición. Los borucas por su parte cruzaron hacia Cac Trá según lo habían planeado. Y comenzaron a combatir nuevamente.

Los borucas tenían consigo el comal de oro y con él vencían a los extranjeros: lo ponían hacia el sol para cegarlos.

Como los borucas por ese medio los estaban venciendo, sus enemigos huyeron.

Entonces nuestros mayores regresaron: pero no todos, porque algunos se habían enterrado con sus tesoros.

Aquello mismo trata o narra la fiesta que hacen los borucas cada año los 31 de diciembre, 1 y 2 de enero.

Bailan entonces 30 diablitos con un toro. Los diablos llevan caracoles que tienen que hacer sonar.

El 31 de diciembre salen los jugadores a medianoche.

Ese día el toro y los diablitos se ponen a combatir. Los diablitos representan a los borucas y el toro a los extranjeros.

El 2 de enero la fiesta termina; a las ocho de la noche el toro muere y los diablitos siguen viviendo.

Los diablitos a medianoche van a robar tamales a las casas cuando los dueños están bien dormidos. Al diablito que se quede rezagado se lo castiga con un látigo de cuero de danta. Dos guardianes van tras los jugadores, pues se los nombra como vigilantes mayores.

Narrado por Espíritu Santo Maroto



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