Thor

Thor y Geirröd

Geirröd era uno de los gigantes más fuertes y poderosos de esta raza enemiga de Thor.

Un día Loki, volando en la figura de un halcón que solía tomar Freya, cayó en manos de Geirröd. Éste rió mucho al ver la buena presa que había hecho y dijo a Loki:

— Sólo puedes quedar libre si Thor viene aquí sin su martillo, sin su cinturón de fuerza y sin su vara mágica.

Loki pidió:

— Déjame que vaya a decírselo a Thor, y te prometo que aceptará.

Y Geirröd le dejó marchar.

Thor no pudo sino aceptar la exigencia de Geirröd y se dirigió al hogar de los gigantes. Pero era larga la distancia y se detuvo en casa de Grid, mujer gigantesca, madre del As Bidar. Ésta recibió al dios con franca hospitalidad y le preguntó:

— ¿Cuál es, oh dueño del trueno y de los rayos, la causa de que realices un viaje tan largo?

Thor contestó:

— Voy al hogar del gigante Geirröd; pero voy sin mi martillo, sin mi cinturón de fuerza y sin mi vara mágica.

Grid exclamó:

— ¡Gran peligro corres si entras en el hogar del astuto gigante sin que lleves armas! ¡Bien se aprovechará Geirröd de ello y te vencerá!

Y dicho esto, le dio su cinturón de fuerza y su vara mágica.

Thor cabalgó en la vara mágica de Grid; pero en el camino encontró un caudaloso rio, que tuvo que pasar a nado. Cuando iba por en medio del río, vio que en la parte de arriba una hija de Geirröd hacía que las aguas se hinchasen con gran peligro. Thor se vio perdido; mas se sumergió, cogió una gran piedra del lecho del río y la lanzó con terrible fuerza contra la giganta, a la cual derribó. Entonces se dio cuenta de que por el agua bajaba una rama de serbal y en ella pudo llegar hasta la otra orilla.

Por fin entró en el hogar del gigante. En la casa no había más que una silla, y en ella se sentó Thor. Esta silla poseía un encantamiento y en cuanto se sentó el dios, empezó a subir hacia el techo. Thor hizo uso de la vara mágica y detuvo el movimiento de la silla. En ese momento aparecieron dos hijas de Geirröd, que atacaron a Thor, pero éste, con ayuda de la vara, mató a las dos gigantas. Por último, Geirröd hizo su aparición. Gritó a Thor:

— ¡Vanos son tus esfuerzos! ¡Vas a perecer, y aquí serán vengados los gigantes a los que diste muerte!

Cogió sus tenazas, y de la fragua sacó una barra de hierro candente, que arrojó contra Thor. Pero éste cogió el hierro con los guanteletes y volvió a arrojárselo al gigante, que se había ocultado detrás de una columna, pero la columna fue derribada por el hierro candente y éste dio en mitad del pecho a Geirröd.

Así venció Thor al traidor gigante y destruyó a toda su estirpe.

Fuente: Antología de leyendas de la literatura universal de V. García de Diego.

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