
La buena o la mala suerte
Cuento
Hace mucho tiempo, en una aldea lejano de los estepas de Rusia, vivía un hombre con su familia. Era un hombre piadoso que siempre confiaba en Dios.
Aquellos tiempos eran malos para el país pues pueblos invasores habían llevado la guerra a los campos de la estepa.
Para aquellos pueblos, famosos por sus diestros jinetes, un caballo era un tesoro. Aquel hombre poseía un hermoso caballo al que cuidaba mucho. Un día dejaron la puerta del establo mal cerrada y el caballo se escapó por las montañas. Por más que lo buscaron no lo pudieron encontrar.
Llegaron entonces los vecinos de lo aldea y le dijeron al dueño del caballo:
-¡Qué mala suerte la suyo, se escapó su caballo!
Y él les contestó:
-Y ustedes, ¿cómo soben que es mala suerte?
Los vecinos se fueron y la noche siguiente el caballo regresó de las montañas con un grupo de yeguas salvajes. Ahora, además del caballo perdido, aquel hombre tenía un buen grupo de yeguas para su establo. Los vecinos volvieron y le dijeron:
-¡Qué buena suerte la suya, su caballo regresó trayendo varias yeguas!
Y el hombre le contestó:
-Y ustedes ¿cómo soben que es buena suerte?
Los vecinos regresaron a sus casas. A los pocos días, el hijo mayor de aquel hombre se montó en una yegua para domarlo, pero la bestia levantó las manos y botó al muchacho que se quebró uno pierna.
Entonces los vecinos se acercaron al padre del muchacho y le dijeron:
-¡Qué mala suerte, por montar la yegua, a su hijo se le quebró la pierna!
Y el hombre volvió a contestar:
-Y ustedes, ¿cómo saben que es malo suerte?
Varios días más tarde llegaron a lo aldea los soldados del ejército del zar. Venían a buscar a todos los jóvenes del pueblo para llevarlos a lo guerra contra el invasor. En lo aldea sólo se quedó un joven, aquel que se había quebrado lo pierna y no podía caminar.
Los vecinos reflexionaron sobre lo pregunto que les hacía aquel hombre y comprendieron que na hoy suerte buena ni suerte mala. Sólo Dios conoce nuestro destino y a veces escribe recto con renglones torcidos y nosotros no lo sabemos ver.
Aquel hombre sabía que hay que confiar en la providencia y ver como buenas todas las cosas.
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