Los jóvenes mentirosos

Los jóvenes mentirosos

Los jóvenes mentirosos

Cuento

Vivieron hace mucho tiempo tres jóvenes a quienes les gustaba inventar cuentos increíbles. Un día vieron llegar a un viajero muy bien vestido. De inmediato pensaron en la manera de quedarse con sus ropas y le propusieron una apuesta. Cado uno contaría la aventura más increíble que le hubiera sucedido. Y el que no lo creyera se convertiría en esclavo del que la contó. El viajero estuvo de acuerdo. Y después de buscar al alcalde para que sirviera de juez, el primer joven empezó así:

-Antes de que yo naciera, mi madre le pidió a mi padre que cortara algunas ciruelas del árbol que había en el jardín. El contestó que estaban demasiado altas. Entonces yo trepé al árbol, corté los ciruelas y los dejé en la cocina. Nadie supo cómo llegaron allí, pero mi madre se puso muy contenta.

El viajero movió la cabeza afirmando que creía la historia. Y el segundo joven contó su historia:

-Cuando yo tenía una semana de nacido salí a pasear y vi una palmera con dátiles maduros. Trepé a la palmera y comí tantos dátiles que me sentía muy pesado y no podía bajar. Tuve que ir al pueblo a traer una escalera. La apoyé en el tronco y poco a poco pude bajar.

El viajero volvió a asentir con la cabeza y el tercer joven contó su aventura:

-Cuando yo tenía un año, vi un conejo que corría entre la hierba. Salí tras él y al alcanzarlo vi que no era un conejo sino un tigre que abrió la boca para comerme. Yo le expliqué que perseguía a un conejo y no a un tigre, pero no hizo caso y abrió más la boca. Perdí la paciencia y cogiéndolo con mi mano izquierda lo partí en dos.

El viajero sonrió y dijo: todo lo que he oído lo creo. Pero ahora oigan la historia mía:

-Hace algunos años, en mi granja crecía un árbol extraño. Tenía tres ramas sin hojas y en cada rama crecía un fruto. Cuando maduraron los corté y al abrirlos un joven saltó de cada fruto. Como salieron de mi árbol, los jóvenes me pertenecían, eran mis esclavos. Pero eran muy vagabundos. En vez de trabajar preferían contar historias increíbles. Como yo los regañaba, un día se escaparon. Desde entonces he andado buscándolos y estoy muy contento de haberlos encontrado. Son estos tres que están aquí.

Los jóvenes no sabían qué decir. Si aceptaban que la historia como verdadera, estarían reconociendo que eran sus esclavos. Si decían que era falso, perdían la apuesta y de todos modos se convertirían en esclavos del viajero. El alcalde les preguntó tres veces y las tres veces guardaron silencio. Entonces el alcalde declaró ganador al viajero.

El viajero dijo que en vez de llevarse a los tres jóvenes vagabundos prefería llevarse sólo sus ropas. Y una vez que las tuvo en su poder se alejó del pueblo. Así, los jóvenes se quedaron burlados y sin ropa.

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