
En un reino lejano vivía un hombre muy afamado por su inteligencia. Beremís, que así se llamaba, podía contar, con sólo mirar atentamente, un reboño de camellos o uno bandada de pájaros. También resolvía los problemas de números que la gente le consultaba cada día. Se hizo tan famoso, que el rey lo contrató como consejero.
Tontos servicios y ton buenos le prestó Beremís, que un día en que se celebraba uno fiesta en el palacio, el rey decidió hacerle un gran regalo. Le ofreció todo clase de riquezas para que él escogiera. Pero Beremís le dijo:
-Rey generoso, yo no ambiciono riquezas, pues los bienes materiales nodo valen. Lo único que anhelo es casarme con lo princesa Tessolim pues los dos nos amomos.
El rey se quedó sorprendido y después de meditar unos momentos respondió:
-No seré yo quien me opongo o ese casamiento, pero antes tendrás que posar por uno difícil pruebo. Tendrás que resolver un problema que hasta ahora nadie ha podido resolver.

Beremís le dijo que estaba ansioso por conocer cuál era el problema y el rey continuó diciendo:
-Acaba de llegar un invitado con sus cinco hijas. De esas cinco jóvenes, dos tienen los ojos negros y las otras tres los tienen azules. Las dos de ojos negros siempre dicen la verdad. Las de ojos azules, en cambio, son mentirosas. Nunca dicen la verdad. Dentro de unos minutos las cinco jóvenes vendrán a esta sala. Traerán el rostro cubierto con un velo. Tendrás que descubrir, sin el menor error, cuáles tienen los ojos negros y cuáles los azules. Te será permitido hacer una pregunta únicamente a tres de ellas. Con esas tres respuestas deberás averiguar el color de los ojos de las cinco.

Momentos después llegaron las cinco jóvenes cubiertas con velos oscuros y se pusieron en fila. Beremís se acercó a la primera y le preguntó:
-¿De qué color son tus ojos?
La joven respondió en un idioma extranjero. Un murmullo se oyó en el salón. Todos comentaban que ahora sólo quedaban por hacer dos preguntas. Beremís protestó y el rey ordenó que las siguientes respuestas fueran dadas en el idioma que ellos hablaban.
Beremís se acercó a la segunda joven y le preguntó: -¿Qué fue lo que dijo tu hermana?
La joven le contestó:
Mi hermana dijo: mis ojos son azules.
¿Cómo iba a saber Beremís si esa joven mentía o decía la verdad? Pero muy tranquilo se acercó a la tercera joven y le preguntó:
-¿De qué color son los ojos de las dos jóvenes a quienes acabo de preguntar?
Ella le contestó:
-La primera tiene los ojos negros y la segunda los tiene azules.
Beremís se volvió donde el rey y le dijo:
-El problema está resuelto. La primera joven tiene los ojos negros. La segunda los tiene azules. La tercera es de ojos negros y las dos últimas los tienen azules.
Las jóvenes levantaron los velos y todos pudieron ver que Beremís estaba en lo cierto. El rey, admirado, le pidió que le dijera cómo había averiguado. Beremís lo explicó así:
-Cuando le pregunté a la primera joven, yo sabía que ella tenía que decir que sus ojos eran negros. Pues si en verdad tenía los ojos negros, no podía mentir. Y si los tenía azules, por fuerzo tenía que mentir y decir que eran negros.
Por eso pregunté a la segunda: ¿qué dijo tu hermana en idioma extranjero? Y lo segundo me respondió: dijo «mis ojos son azules». Entonces comprendí que la segunda joven mentía y que por lo tanto tenía ojos azules. Luego le pregunté a la tercera de qué color eran los ojos de las jóvenes que ya me habían contestado. Y esta tercera me dijo que la primera los tenía negros y la segunda azules. Como yo sabía que la segunda en verdad tenía los ojos azules porque mentía, comprendí que esta tercera joven decía la verdad. Así pues, la tercero tenía los ojos negros. Y como no mentía, también la primera tenía los ojos negros, como ello decía. De esa manera supe sin ninguna dudo que la primera tenía los ojos negros, lo segundo azules y la tercera negros. Y como sólo dos quedaban, tenían que ser de ojos azules, pues me habían dicho que las jóvenes de ojos azules eran tres.
Todos felicitaron a Beremís por su inteligencia para resolver el problema. Poco después, Deremís y Tessalim se casaron.
Y se cuenta que los dos supieron resolver el problema más importantes de la vida de los hombres: el amor, pues siempre vivieron felices.

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