Confucio

Máximas de Confucio

«Recompensar la injuria con la indiferencia y el beneficio con la gratitud: he aquí lo justo».

«No hables bien de ti a los demás, pues no habrás de convencerlos; no hables mal, pues te juzgarán mucho peor de lo que tú pudieras decirles».

«El hombre, aun el más débil, puede hacer alguna cosa buena: si no es capaz de ciencia, tal vez lo sea de virtud».

«Tratad a los extranjeros con humanidad; llevad la ilustración a vuestros vecinos; imitad al talento; depositad vuestra confianza en los hombres honrados, y romped toda relación con los hombres corrompidos».

«No dejéis nunca sin recompensa una buena acción, aunque os parezca dudosa».

«Amad al pueblo en vez de despre-ciarle, porque es el verdadero funda-mento del Estado. Si este fundamente es sólido, no podrá el Estado ser destruido».

«Cuando surge el fuego del cráter del volcán, calcina indistintamente el vil guijarro y la preciosa piedra. Un ministro sin virtudes es todavía más destructor que el fuego de los volcanes».

«Pensad antes de obrar, y no comsn-céis nada sin haber consultado las circunstancias bien a fondo».

«Enturbia sus virtudes quien cree tenerlas sobradas, y pierde el fruto de su buena acción el que la elogia por su propio labio».

«Todo hombre se ilustra instruyendo a los demás: aquél que se consagra a dar preceptos a sus semejantes, hace progresos, de los cuales no se da cuenta en un principio».

«El desprecio desanima a los hombres y amengua su virtud».

«¡Oh, legisladores! Vosotros, en quie-nes la subiduría debe brillar más que en el resto de las gentes, curaos mucho de las penas que asignéis a los delincuentes. Una vez promulgadas vuestras leyes, deben ser cumplidas: peligroso sería dejar de practicarlas; pero atroz y terrible ordenar su ejecución si resultasen inhumanas».

«Gratísima curiosidad la de ver a un sabio: se le admira y no se aprovechan sus lecciones».

«Del calor de la sangre nace un valor maquinal y desordenado: el valor verdadero se halla dirigido por ia razón».

«El amor de sus semejantes es el asilo del hombre; y la equidad el camino recto de su dicha. Dejar un asilo seguro, abandonar el mejor camino, ¿no es una locura digna de compasión?»

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