Isla de Pascua

Isla de Pascua (Rapa Nui)
La isla de los gigantes de Piedra

Era el día de Pascua de 1722. —¡Miren: una isla! El almirante holandés Roggeveen llevó el largavista a los ojos y enfocó la isla desconocida: si ésta no era una alucinación, un espantoso gentío de gigantes esperaba perfectamente inmóvil en la orilla. Toda la noche la nave se mantuvo alejada, pero a la mañana atracó.

Los marineros desembarcaron: los gigantes todavía estaban allí, a lo largo de la costa desierta y silenciosa.

Se trataba de colosales estatuas de formas humanas, erguidas cara al mar.

¿Cuándo y por quién habían sido levantados aquellos monstruos de piedra? El almirante holandés se dio cuenta de que se encontraba frente a un profundo misterio, pero no hizo demasiados esfuerzos para resolverlo. Juzgando que la isla era demasiado pobre como para resultar interesante, la dejó en seguida, después de haberla bautizado, por el día del desambarco, isla de Pascua.

Isla de Pascua

Las exploraciones que siguieron a la holandesa, a fuerza de indagaciones y estudios llegaron a compilar una historia bastante verosímil. Parece que en tiempos muy remotos vivía en la isla la noble tribu de los Orejas Largas, que obligaba a la tribu esclava de los Orejas Cortas a trabajar sin descanso para alzar los colosos de piedra. Hasta que un día los esclavos tiraron las hachas con las que esculpían los colosos y exterminaron a los Orejas Largas.

Los centenares de hachas y las decenas de estatuas inconclusas que aún hoy se encuentran en las pendientes del Rano Raraku, el volcán en cuya roca están tallados los gigantes de piedra, daban la impresión de que un grave acontecimiento había interrumpido de improviso el trabajo de los antiguos escultores.

Pero quedaban aún muchas cosas sin aclarar: ¿Cómo los indígenas habían podido tallar una roca tan dura con hachas de piedra, transportar colosos de 30 a 50 toneladas a varios kilómetros, y finalmente erigirlos sin la ayuda de máquinas? He aquí una pregunta de difícil respuesta.

Cuando Thor Heyerdhal, el arriesgado héroe de la Kon Tiki, en septiembre de 1955 salió de Noruega directamenta para la isla de Pascua, estaba decidido a aclarar tan apasionante misterio, aun a costa de los mayores esfuerzos.

Para el viaje hasta se tuvo que comprar un barco, porque la islita, perdida en el océano Pacífico, a 3.200 kilómetros al oeste de Chile y otras tantos al este de Tahití, que se comunicaba con el resto el mundo sólo por una nave chilena, (la isla pertenece a ChiIe), que llegaba hasta allí una vez al año.

Heyerdhal, cuando desembarcó en la isla de sus pesadillas arqueológicas, comenzó por preguntarles a los indígenas:

—¿Saben cómo fueron transportados hasta aquí los gigantes de piedra en aquellos tiempos?

—Sí, señor —le respondieron—. Andaban solos.

Heyerdhal quedó un poco molesto a causa de tan singular respuesta, que le sonaba a broma.

Naturalmente, el dinámico explorador no se conformó con esta explicación y optó por sondear algunas cavernas subterráneas que habían servido de refugio a los antiguos habitantes.

La mayoría de ellas eran verdaderas tramperas, en las que se podía penetrar solamente con los brazos en alto y haciendo contorsiones de serpiente, para atravesar galerías oscuras e increíblemente estrechas. Pero no encontró nada que pudiera resolver el misterio de los gigantes de piedra.

Heyerdhal, que tenía la impresión que los indígenas podían haberle ayudado, convenció finalmente con mucha diplomacia al alcalde de la isla, demostrándole que se podía continuar la obra de los escultores primitivos, valiéndose sólo de las hachas abandonadas al pie del volcán.

Isla de Pascua

Tras siglos de silencio, los flancos rocosos del Rano Raraku volvían a vibrar bajo los hachazos. Al parecer, las hachitas de piedra ni rasguñaban el coloso de granito, pero poco a poco iba delineándose una cara idéntica a las que se erguían a lo largo de la costa.

Entonces se presentó el problema de llevar la estatua a su lugar definitivo.

Había que atarla con sogas y arrastrarla: era la única forma. Heyerdhal estaba casi seguro de que no se movería. Ciento cincuenta habitantes de la isla asieron las cuerdas y tiraron con todas sus fuerzas. Una vez desplazada, la estatua comenzó a avanzar: lentamente, ¡pero avanzaba!

El explorador temblaba: ¿y ahora? ¿Conseguirían enderezar este coloso de 25 toneladas? Los indígenas colocaron algunas piedras en forma de cuña debajo de la estatua, y agregaron otras a medida que ésta se elevaba, lentamente.

Ahora la enorme cabeza descansaba sobre una pila inestable de piedras. Un leve desliz y el gigante se hubiera desplomado, aplastando a los circunstantes.

Los indígenas maniobraban con cautela una cuerda que rodeaba la frente de la estatua; luego, con esfuerzo supremo, el coloso surgió hasta quedar derechito, mirando el mar.

Por fin había podido descorrerse el velo con que los siglos cubrieron el misterio de los gigantes de piedra.

Heyerdhal era feliz: aunque con gran dificultad había conseguido lo que quería.

 
Mitología

La mitología de la isla de Rapa Nui presenta características únicas; producto de que esta isla es la más aislada de las islas polinésicas, que era originalmente transmitidas en forma oral, y posteriormente registradas en forma escrita luego de la llegada de las expediciones que la visitarían. Tal como ocurre en otros lugares de Chile, en Rapa Nui la mitología también ha desarrollado una cosmovisión particular, que ha llevado a sus habitantes a explicaciones muy singulares sobre la creación del hombre y de su territorio. Entre los mitos más importantes encontramos el de la llegada del pueblo rapanui desde el continente de Hiva, el culto al dios Make-Make, que está representado en Rapa Nui como el creador del mundo, y el posterior culto al Tangata Manu (hombre pájaro), también conocido como la historia de Hotu Matu’a y los siete exploradores.

Algunos de los mitos o personajes mitológicos más importantes son los siguientes: Hau-Maka, Hiva, Hotu Matu’a, Make-Make, Tangata Manu y Uoke.

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