Otras leyendas Sudamericanas

Otras leyendas Sudamericanas

La difunta Correa

Argentina

En el siglo pasado un joven criollo fue reclutado involuntariamente para ir a la guerra. Su mujer, de apellido Correa, quedó abatida con la noticia, porque su marido tenía que incorporarse enfermo y muy debilitado. Así pues, cogió a su hijo y siguió las huellas del batallón donde estaba su esposo. Tras mucho caminar quedó exhausta, sedienta y agotada, por lo que se dejó caer en lo alto de una pequeña colina.

Unos arrieros pudieron observar cómo animales de carroña revoloteaban en torno al cerro. Se acercaron y encontraron a la madre muerta pero al niño aún con vida, amamantándose de los pechos de la difunta. Recogieron al niño, y dieron sepultura a la madre. Cuando se supo lo ocurrido comenzó la peregrinación de lugareños hasta la tumba de la «difunta Correa» y, pasado un tiempo, se convirtió en un santuario en el que se hacían ofrendas. El milagro se extendió por lo que los hombres del campo le piden protección para sus cosechas; los arrieros la consideran su protectora; y las madres, que por su debilidad carecen del necesario alimento para sus bebés, le dedican oraciones fervientes a ella para que nutra sus pechos escuálidos.

De como un Quirquincho consiguió cantar

Bolivia

Un entrañable armadillo viejo era muy aficionado a la música. Le gustaba pasar las horas escuchando y ad¬mirando el cantar de las ranas que se burlaban de él por su incapacidad para el canto. Cierto día, apareció una bandada de alegres canarios que lo embelesaron con sus trinos mientras las ranas morían de envidia por la belleza de su trino y de sus canciones.

El animalillo, deseoso de arte, se acercó a la choza de un mago para decirle que quería cantar como los canarios, las ranas o los grillos. El hechicero aceptó pero a cambio le pidió su vida. Al día siguiente, el armadillo apareció en la charca de las ranas en manos del mago, entonando de forma maravillosa. Las ranas envidiosas fueron tras él, sin darse cuenta que se había convertido en charango, instrumento de cuerda fabricando con su caparazón.

Cómo nacio el río Orinoco

Leyenda yekwana. Colombia

El dios Wanadi creó a los hombres, las plantas y los animales pero, al principio de todos los tiempos sólo existía un río en la Tierra. Los indios yekwana eran los únicos habitantes de la Tierra, pero se morían de sed porque no existía más agua que las del único río, cuyo cauce discurría demasia¬do lejos del poblado.

Los indios decidieron enviar a Kashishi, la Hormiga divina del cielo, en busca de agua. Esta viajó durante varios días mientras los indios, esperando, morían deshidratados. Después de varias jornadas la Hormiga llegó al agua. Era un río tan grande que tenía olas como en el mar. Cuando regresó les indicó el único camino donde podrían encontrar agua. Los hombres ya no morían de sed pero el agua estaba muy lejos de donde ellos vivían. El brujo de la tribu rezó a Wanadi y éste se compadeció de sus esfuerzos, trazando con dos dedos de su mano derecha, un gran surco de este a oeste formando el río Orinoco y sus afluentes. El Orinoco es un surco del dedo de Wanadi.

Leyenda de la luz

Leyenda muisca o chibcha. Colombia

Un cacique y su sobrino gobernaban sobre la tierra siendo siempre noche cerrada, condenando la vida de los indios a la tristeza y al miedo.

Para resolver esta horrible situación, el cacique decidió que su sobrino subiera a los cielos para buscar luz y traerla a la tie¬rra. El joven se lanzó a las alturas y se transformó en un nuevo y desconocido astro luminoso, se convirtió en el sol. Su tío no quedó satisfecho pues la mitad del día se hallaba aún en tinieblas, recordándole que abajo estaba la humanidad, muerta de frío y tristeza. Fue entonces cuando el cacique se decidió a hacer lo mismo que su sobrino, perdiéndose en la bóveda celes¬tial. Recogió todos los restos de luz que había en el espacio y se convirtió en la luna, para alegrar a las personas durante la ausencia del sol.

Piracá y el origen del maíz

Colombia

Hace muchos años, los chibchas padecieron una gran miseria. Piracá, un padre de familia preocupado por los suyos, decidió hacer trueque con sus últimas mantas por oro en bruto para moldearlo en forma de dioses y luego venderlos. A la mañana siguiente fue al mercado y consiguió el oro en forma de agrimitas, pero camino de su casa cayó en un enorme bache del camino. Un pájaro bajó y le arrebató la bolsa donde lo llevaba, y en su vuelo de huida algunas lágrimas se le cayeron. Piracá se incorporó para recogerlas y apareció Bochica, quien le pidió que no lo cogiera, sino que las enterrara porque al regresar al lugar, pasados quince días, iba a encontrar una sorpresa.

A los quince días, en el lugar en que Bochica le recomendó sembrar los granos de oro, Piracá encontró abundantes y hermo¬sas plantas que no conocía. De ellas colgaban gruesos granos del color del oro, era el maíz. Desde ese momento, la familia de Piracá y muchas familias más cultivaron el maíz, por lo que el hambre desapareció para siempre de este poblado chibcha.

El pájaro que trajo el fuego

Ecuador

Los jíbaros se comían crudos los alimentos y no podían alumbrarse por las noches porque no conocían el secreto del fuego. Este fenómeno que tanto ha cambiado la vida del hom­bre, fue descubierto por la mujer de Taquea.

En cierta ocasión, la mujer estaba en su huerto trabajando y encontró un pájaro con las alas mojadas que no podía volar. La mujer se compadeció del animal y lo llevó a casa con la inten­ción de calentarlo junto al fuego. El pajarillo sacudió sus alas y, sin querer, las prendió y echó a volar, posándose en unas ramas secas cercanas a la aldea de los jíbaros. Éstos salieron rápida­mente de sus chozas y, contentísimos por aquel regalo divino, fueron prendiendo pequeñas teas para llevarlas a casa. Fue en­tonces cuando comenzaron a cocinar los alimentos, a alum­brarse de noche y a organizar sus reuniones en torno a una hoguera enorme.

Nunkui, creadora de las plantas

Ecuador. Leyenda shuar

Hace muchísimos años, los indios shuar comenzaron a poblar Ecuador y sólo podían alimentarse de unchuk, pues ésta era una tierra árida y tan braseada por el sol que no cre­cía la hierba.

Nuse era una mujer de coraje y no cesaba en su intención de buscar alimentos para sus hijos. Siguió el curso del río hasta quedar exhausta por el calor y el cansancio, y se tumbó en la tierra. Cuando despertó vio sobre el agua unas rodajas de un alimento desconocido. Lo saboreó y comprobó que era sabroso, dulce y, sobre todo, reanimador. Corrió a socorrer el hambre de sus hijos pero antes se encontró a Nunkui, diosa de la Vegetación. Esta le dijo que conocía la hambruna de su pueblo y que, por la valentía demostrada, nunca les faltaría el sustento.

Mágicamente se cubrió todo de ramajes olorosos y paisajes majestuosos. Los jíbaros no volvieron a pasar hambre y Ecuador se cubrió de suculentas selvas.

El Inca

Perú. Cultura inca

Pachacutec el Príncipe tuvo dos hijos aprovechando un hermoso eclipse donde se juntaron el sol y la luna. De esta unión nacieron un varón y una hembra, predestinados a do­minar y a civilizar el mundo, entonces habitado por salvajes.

El hijo del sol se dirigió a todos desde lo alto de una colina y arengó a las masas para trabajar en favor de una sociedad organi­zada y justa. Los hombres le siguieron y le apodaron «el Inca» mientras que a su hermana, que hizo lo mismo con las mujeres, la llamaron Mamauchic, que significa «madre». Todos adoraban al Inca y, con su trabajo, crearon la ciudad de Cuzco, desarrollando el urbanismo, la agricultura… y creando una nueva sociedad. Pa­chacutec decidió entonces que su hijo ya había cumplido su mi­sión, por lo que quiso que retornara a su reino. Así, el Inca enfer­mó y su pueblo no le abandonó hasta su muerte. Después fue olvidado pero sus consignas se cumplieron fielmente.

La cautiva

Perú. Leyenda inca

Túpac Yupanqui era el hijo del sol. En cierta ocasión, mientras celebraba con su pueblo la victoria sobre una tribu de rebeldes, un enorme buitre herido cayó desde el pico más alto de las montañas y manchó la nieve con su sangre, mu­riendo en la caída. El sacerdote que allí estaba avisó que aquel in­cidente anunciaba grandes desgracias: la llegada de un pueblo invasor. La fiesta siguió y, como era costumbre, se le entregó al príncipe una bella cautiva. La muchacha expresaba su tristeza por estar lejos de su amado y por la imposición de tenerse que en­tregar al conquistador. Entre la muchedumbre pudo comprobar que su amado también estaba prisionero.

Al llegar la noche cunde la alarma en el campamento pues la hermosa cautiva ha sido sorprendida huyendo con su amado, quien muere intentando defenderla. Túpac Yupanqui ordena la muerte para la esclava infiel y ella escucha alegre la sentencia, porque lo que más desea es reunirse con su amado y así poder saborear el amor eterno. Desde entonces en el sitio donde fue inmolada la cautiva se ve una roca que tiene las mismas formas que la india. Se asegura que nadie puede atreverse a pasar de noche por allí sin ser devorado por el fantasma de la piedra.

Guamansuri y la creación

Perú

Guamansuri fue enviado por Ataguju, dios Creador, a una zona habitada por los guachemines para trabajar a su servicio en los campos. Estos guachemines tenían una hermana recluida a quien Guamansuri sedujo y dejó embarazada. Cuando los hermanos se dieron cuenta de lo ocurrido capturaron y mata­ron al autor de la falta. Lo quemaron y dispersaron sus cenizas por el cielo, retornando Guamansuri junto a Ataguju.

Bajo una estrecha vigilancia la muchacha dio a luz dos huevos y murió tras el parto. Los guachemines tiraron los huevos a la basura pero de ellos nacieron dos chillones niños que fueron recogidos y criados por su tía. Uno de los niños se llamó Pi-guerao y el otro fue el gran señor Catequil, ídolo honrado y temi¬do. Este buscó el cadáver de su madre y cuando lo encontró lo abrazó y con esto resucitó. Así la madre pudo darle unas hondas que Guamansuri le había dejado para poder matar a los guache-mines. Catequil mató a muchos y a los que no pudo matarlos los expulsó a otras tierras. Cuando terminó su tarea subió al cielo para informar a Ataguju de que la tierra estaba limpia de gua¬chemines y le pidió que crease a los indios para poder aprovechar las tierras. El gran dios le dijo que fuese a las tierras altas de Guacat, que de aquellas tierras saldrían los indios si los extraía con herramientas de oro y plata.

María Lionza

Venezuela. Indios caquetios

Un jefe indio tuvo la desgracia de tener una hija muy hermosa pero de ojos claros, rasgo considerado de mal augurio para la tribu. Pese a ello, el jefe no tuvo el valor de ma­tarla y la escondió en su casa. Cuando se hizo mujer salió a pasear hacia una laguna donde vio su rostro reflejado y se lo mos­tró al dueño de la laguna,una anaconda. Esta se enamoró de la be­lla María y la raptó. Por su mala acción, la bestia fue castigada, hinchándose hasta abarcar toda la laguna y, expulsando todo el agua por su excesivo volumen, inundó todo el territorio de la tri­bu. Los indios desaparecieron y la serpiente reventó, por lo que la muchacha se convirtió en dueña del agua y protectora de los peces. Con el tiempo extendió sus poderes sobre la naturaleza, la flora y la fauna.

Mérida

Venezuela. Indios mirripuyes

Caribay fue la primera mujer genio de los bosques, hija del sol y la luna. En una ocasión, Caribay vio volar por el cielo cinco águilas blancas, enamorándose de sus plumas. Se fue tras ellas atravesando valles y montañas. Se paró en un risco des­de donde vio cómo las águilas se perdían en las alturas. Invocó a Chía y volvió a verlas, descendieron a un risco y se quedaron inmóviles. Caribay se acercó a ellas para quitarles algunas plu­mas y adornarse con ellas pero, un repentino frío glacial entu­meció sus manos y las águilas se congelaron convirtiéndose en cinco masas enormes de hielo. Caribay huyó aterrorizada. Las águilas despertaron y sacudieron sus alas, quedándose toda la montaña cubierta con su blanco plumaje. Esta leyenda simboli­za los cincos riscos de nieves perpetuas que se pueden ver desde la ciudad de Mérida, en los Andes venezolanos, donde se dice que el viento es el canto triste y dulce de la hermosa y coqueta Caribay.

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