El oso, la mona y el cerdo

El perro y el asno

Caminaba un mastín en compañía de un asno, cargado de pan. La larga marcha les despertó el hambre, por lo que el asno se detuvo a comer los yerbajos que crecían al borde del camino. Esto aumentó el apetito del mastín que le contemplaba envidioso y que no pudiendo aguantar más, le pidió un pedazo de pan de los que llevaba sobre la albarda.

Le respondió el asno que si tenía hambre, se buscase como él la comida por el camino, pues no había pan qu& desperdiciar.

En esto divisaron a lo lejos un lobo que avanzaba hacia ellos. Apenas lo vio el asno, se puso a temblar y suplicó al mastín que no se separase de su lado y le defendiese del lobo.

—No por cierto, —le respondió el perro: —los que comen solos deben luchar solos. Y diciendo y haciendo dejó a su camarada de camino a merced del lobo.

Si deseamos tener amigos debemos mostrarnos serviciales.

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