Mitos y Leyendas

El misterio de la Piedra Blanca

Tercer lugar Certamen de tradiciones costarriceses 2006
Cuentos, Leyendas, Anécdotas e Historias de Vida del MCJ
Autor: Juan Antonio Céspedes Guzmán
Cantón: Escazú

Tuto Yoyo era el mote de aquel Escazuceño valeroso que tuvo el ánimo de subir solo una noche a la montaña donde moran las brujas, los duendes y los fantasmas, y llegar, sin miedo, hasta los predios mismos donde campea la bruja Zarate. Fue este valiente hombre el que estuvo a punto de develar el misterio que está escondido en la gran Piedra Blanca de Escazú. Contaba don Tuto, uno de los parroquianos más viejos de este lugar, que para los días martes y viernes, cuando eran de luna llena, las brujas, montadas en sus escobas de norte a sur Escazú sobrevolaban y por los techos de las casas pasaban, en las calles chiroteaban para terminar en la cúpula de la iglesia bien sentadas.

Una noche en que don Tuto tuvo que levantarse presuroso para hacer una necesidad en el cerco de su casa que retrete no tenía, dio la casualidad que quedó de cuclillas mirando de frente la imponente montaña que se levanta al sur y… cuál sería su sorpresa y asombro cuando en la lejana penumbra divisa cómo, por un boquete de la roca montañosa, centenares de brujas entraban y salían entre bandadas de cuervos y murciélagos que lo mismo hacían.

Don Tuto., hombre valiente y arriesgado, dos veces no lo pensó y ciñéndose bien los pantalones, ponerse en camino a esas horas no le importó. Y fascinado por aquella negra boca que tantas brujas tragaba y escupía, hasta ahí se dirigió. Cuchillo y cubierta en faja metió; un poco de tabaco en su bolso echó, mirando al cielo se hincó, una oración rezó y, santiguándose, cuesta arriba en camino se puso.

Y sin quitar la vista a aquella ventana de las tinieblas y sin detenerse un momento subió y subió nuestro aventurero hasta jadeando llegar. Por el oscuro boquete quiso entrar, pero en ese preciso momento, un duende se le aparece para esta pregunta lanzar:

-¿Adonde caminas forastero noctámbulo?

-Quiero ver que hay en esa cueva de las brujas tan negra y profunda, -contestó don Tuto-.

-No es una cueva -dijo el duende-. Es un encanto. Y las brujas que en tropel veis entrar y salir son las hadas mensajeras de Zarate, la reina de las brujas. Y esta inmensa roca que miráis, del tamaño de toda esta montaña, es la Piedra Blanca,, es pura piedra viva, que con el tiempo se cubrió de musgo y el musgo se convirtió en un frondoso bosque por donde trepa, como parásita, el bejo de yazú. Y en el centro y en lo profundo de esta gran piedra lo único que hay es un encanto, el encanto donde está encantada la Tule Vieja por obra de la bruja Zarate que la hechizó.

-¿Y quién es la Tule Vieja? -le preguntó don Tuto-.

-La Tule Vieja-contestó el duende- fue, en Escazú, la doncella más bella, que una noche se escapó de la casa gimiendo, gritando y llorando como loca porque, su prometido se le había ido. Y era ya avanzada la madrugada cuando, cansada de tanto gritar y llorar, la encontró la bruja Zarate quien, con la promesa de llevarla donde estaba su amor perdido, en el encanto de la Piedra Blanca terminó. Y ahí, sin poder salir nunca más, encantada está la que más bella fue.

-Mientes muy mal, duendecillo infernal -replicó don Tuto-. ¿Acaso no sabes que esa doncella bella es María del Rosario que de mise enamoró y después me traicionó? Mándala a llamar que me la quiero llevar. Y se metió el duende a lo más profundo del encanto para con el espanto pronto regresar. ¡Pero ya no era la bella María del Rosario! Ahora era la Tule Vieja fea que salía de ese mundo de los aparecidos y con una vigorosidad tan bestial y brutal que ni la fuerza de veinte caballos juntos la podían sosegar. Pero este espanto de las tinieblas no amedrantó a don Tuto quien, acordándose del mágico bejuco de yazú que por esos montes abundaba, en un santiamén uno cortó y con el mismo a (a Tule amarró. Y fue así como este espantoso ser perdió su diabólico poder. La Tule, con el bejuco de yazú, amarrada quedó. Don Tuto de la montaña mansita la bajó, a su casa la llevó y hasta en la iglesia la metió.

Los serenos, que en la noche el espectro vieron, dijeron por un ventanal verlos entrar y cerca del altar mayor un ritual celebrar. Era ya 29 de septiembre, día del santo patrono de Escazú, san Miguel Arcángel. Y al ser las doce horas en punto de ese día de fiesta patronal era cuando entonces sí se oían las bombas de doble trueno tronar al tiempo que un cachiflín anunciaba que ya salía, por la sacristía, la mascarada bailando al son de la filarmonía, y bailando también don Tuto con la Tule Vieja que mansa la conducía.

Era el Escazú mágico de antaño que tanto cantara este viejo trovador. Era el Escazú alegre y pintoresco, tan lleno de color y sabor alrededor de su plaza, su escuela, su cabildo y su iglesia.

Reseña histórica

Quienes tuvimos la dicha de conocerá don Tuto el juglar y de su boca sus hazañas contar, esta es la imagen que de él pudimos grabar: sobre su cabeza, un raído sombrero de pelo; un buen bigote le adornaba y la cachimba que no le faltaba; un viejo saco que siempre le abrigaba y el bastón en que se apoyaba cuando la reuma lo aquejaba. Y de la Piedra Blanca y su oscura cueva, en el misterio nos dejó; del bejuco de yazú, su magia y su virtud nos enseñó y, de la Tule Vieja, el ánima en pena de quien en vida María del Rosario se llamó.

Este relato, recogido en vivo de los labios de don Liborio Constantino de Jesús Fernández Delgado (Tuto Yoyo), en el año de mil novecientos sesenta y tantos, combina la historia de, su persona, de su visita a la Piedra Blanca y del bejuco que ahí nace, con el folclore, la tradición, la leyenda y el mundo imaginario de don Tuto. Separar estos elementos, separar estos géneros, sería desnaturalizar y falsificar lo que tienen de ciertos unos hechos y lo que tiene de maravilloso la fábula. Debemos cuidar, con celo, el regalo de este hombre que nació en Escazú el 22 de julio del año 1888 y murió en el mismo lugar el 12 de octubre de 1987.

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